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Amar desde el interior

Soledad (1)

El Amor es un sentimiento, una increíble sensación que te invade y que te acaba atrapando con su hipnótico poder.

Hay tantas formas de amar como tipos de personas que te puedas encontrar, pero bajo mi opinión, las diferencio en solo dos: las personas que pueden y las que no pueden amar de verdad.

Por mucho que haya deseado auto engañarme en una relación queriendo ver las cosas de otra forma o que fueran como a cualquiera le hubiera gustado, había una realidad aplastante que no paraba de mostrarme que la persona con la que estaba no me amaba de verdad.

Pero el corazón tiene razones que la razón no entiende…por eso he soportado tanto…
Hasta que llega un día que te das cuenta de que estás nadando contracorriente y que la esperanza solo reside en mi corazón y ese lugar puede cambiar mi vida, pero hay cosas que no dependen solo de uno mismo, y aceptarlo, es madurar, pese a que mi alma se parta en mil pedazos, que la melancolía me envuelva y que la tristeza se plasme en mis ojos.
No suelo rendirme nunca y lucho constantemente por todo aquello que creo, por lo que es puro. Pero finalmente dejo de hacerlo cuando veo que no puedo con tanta injusticia y con una balanza tan desequilibrada. Cuando decido, aunque sea tarde, comenzar a pensar en mí mismo, porque ves que la persona que tienes a tu lado, jamás va a cambiar y te va a hacer sufrir siempre.

El amor ha de ser recíproco. El hecho de dar amor es igual o más placentero que el de recibir. Pero la persona que no ama de verdad disfruta más si la aman a ella que al contrario.

Considero que no soy una persona fácil, tengo bastantes defectos, soy impulsivo, de carácter fuerte e inconformista y con una mente demasiado inquieta. Con lo cual el hecho de exigir en una relación parece que sería como no querer ver que nadie es perfecto, empezando por mí mismo. Pero es que no se trata de eso lo que pienso.

Una relación no se puede basar en que a los dos les gusten las mismas cosas, el cine, la playa, o cualquier afición. Quizás esto parece lo más importante para otras personas, pero ya no, para mí. Es genial poder coincidir en gustos, modos de vida y en general con aspectos que dan la sensación de que dos personas encajan. Pero para mí, hay algo mucho más importante para que una relación funcione: con ello me refiero a la entrega del verdadero interior de una persona, el de su alma.

Y ese interior lo puedes ver a través de su empatía, compromiso, respeto, comprensión, cariño, confianza, su preocupación por ti y sobretodo que te defienda de cualquier cosa que te pueda hacer daño, empezando por ella misma. Porque es así como yo amo, porque pese a mis defectos, soy un hombre de ética, con valores, cariñoso, todo yo, coraje y pasión, creyendo y defendiendo todo lo que quiero. Porque en definitiva, cuando amo de verdad su felicidad es la mía.

La carencia de estas cualidades o peor aún, recibir lo contrario a lo que uno da, hace que tu energía se vaya consumiendo, que tu carácter se vaya distorsionando, que al final confundas quien eres en realidad.

Solo pienso que:

Hay que amar, pero sin perder la cabeza, sin enfermar. Perdonar solo cuando hay arrepentimiento. Y sobre todo, si alguien te hace daño, que después sea consciente de ello y lo subsane para no repetirlo en un futuro, fruto de la experiencia, el entendimiento y la comunicación, igual que como yo hago.

¿Por qué.. Tiene sentido perdonar a quien no está arrepentido? Acaso, ¿hay que explicar cómo te tiene que entender o cómo se ha de preocupar por ti?.. Es agotador, intentar hacer ver a quien no quiere mirar. Como dice la frase: “No hay más ciego, que aquel que no quiere ver”.

Y hacer esto, es forzar la situación , es no aceptar el hecho de que la relación no fluye, sino que se sostiene solo porque yo pongo el entendimiento por los dos, pero amar no es esto. En realidad todo se basa en un factor tan simple como el hecho de que:
Quien te quiere de corazón no te desea ver mal, es tolerante, paciente y dulce en sus formas.

Porque en realidad quien no ama desde el interior, jamás aunque las lea, comprenderá estas palabras, porque la que si lo hace con solo mirarte a los ojos… le sobra.

……..
Amar de verdad se basa en evolucionar junto a tu pareja, y en ese camino, ser los dos: Uno.
……..
Y en mi soledad, mi decepción y mi dolor me arropan…aunque hay algo que jamás me podré reprochar:

Que entregué una vez más, mi cuerpo y mi alma…solo me queda intentar recomponer mi interior, que parece que solo sabe Amar.

Tomás

Ser como el rio que fluye


1. Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

2. Saber como llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, per no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetivo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama de alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

6. Respeta tu cuerpo:
sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder la escalada. Pero atención, tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

10. Haz una promesa: aprovechas que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.

Paulo Coelho